juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! plural ha sido la celeste historia de mi corazón. era una dulce niña, en este mundo de duelo y aflicción. miraba como el alba pura; sonreía como una flor. era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor. yo era tímido como un niño. ella, naturalmente, fue, para mí, amor hecho de armiño, herodías y salomé. juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver...! la otra fue más sensitiva, y más consoladora y más halagadora y expresiva, cual no pensé encontrar jamás. pues a su continua ternura una pasión violenta unía. en un peplo de gasa pura una bacante se envolvía. en sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé... y lo mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe. juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! otra juzgó que era mi boca el estuche de su pasión y que me roería, loca, con los dientes el corazón, poniendo en un amor de exceso la mira de su voluntad, mientras eran abrazo y beso síntesis de la eternidad: y de nuestra carne ligera imaginar siempre un edén, sin pensar que la primavera y la carne acaban también... juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!... ¡y las demás!, en tantos climas, en tantas tierras, siempre son, si no pretexto de mis rimas, fantasmas de mi corazón. en vano busqué a la princesa que estaba triste de esperar. la vida es dura. amarga y pesa. ¡ya no hay princesa que cantar! mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no tiene fin; con el cabello gris me acerco a los rosales del jardín... juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!... ¡mas es mía el alba de oro! rubén darío, claro
cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer.
cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer.
cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer...
cuando quiero llorar, no lloro, ¡y a veces lloro sin querer!
cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer...
1.12.09
canción de otoño en primavera
no sé por qué me dan ganas de carcajearme: plus ça change…, supongo
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Por un lado, muy certero Darío. Por otro, qué ilusión abrir su blog y ver post nuevos!
ResponderBorrarEso merece celebrarse ... con un cangrejo :D
y… ¡dónde está el cangrejo! ¡no lo veo! me alegra que lo alegre, lo ilusione, etc. yo también me alegro, me ilusiono, etc. ¿podrá el mundo abarcar tanta alegría, ilusión, etc.?
ResponderBorrartengo que contarle el cuento de lo que sigue después de la coma, y el león miguero. que no tiene nada que ver con lo otro, pero a estas alturas del siglo pasado y de la vida propia, hay cosas que se relacionan como un salto con garrocha.
¿usted se sabe el cuento del borracho que entró a la misa con la guitarra al hombro y el sombrero puesto? iba subiendo hacia el altar, y la gente le susurraba: 'el sombrero…', 'el sombrero…'
entonces, cuando llegó arriba, se plantó frente a los feligreses, se acomodó la guitarra y empezó: 'ahora sí, complaciendo: el sombrero'.
había otra que se llamaba 'el sombrero de gaspar'. y el viento se lo llevó. como que era diciembre, creo.
Silvia
jaja.. no lo conocía!! Como dicen, nunca falta un borracho o un perro callejero.
ResponderBorrarEspero los demás cuentos, tanto acá como en vivo, que ya se me está olvidando su cara, y no me hace nada de gracia.
Cangrejo (aunque no lo vea)