18.11.10

recuento

con la salvedad de que los originales son mejores, ; )

job
es que dios y el diablo estaban muy sentados en un cúmulo todo apretadito, conversando. el céfiro les acariciaba el cabello y un angelillo les traía refrescos. en eso, a dios se le ocurrió asomarse por entre las nubes, así no más, a ver qué estaban haciendo sus creaturas.
por ahí abajo andaba job.
cuando se enderezó: caramba: ese carajo, job, sí que me salió bien, comentó muy satisfecho. uno no se puede desear nada mejor: le dí de veras de todo: tierras, dinero, familia, poder... e imaginate que no pasa día sin que me lo agradezca.
claro, muy fácil, ¿verdad?, le contestó el otro: eso de tener de todo y estar agradecido... si no le hubieras dado nada, en cambio…
qué va, le dijo dios, conozco bien a job: no importa qué tenga o no, igual tooodos los días cantaría lores en mi gloria.
pues… quién sabe, masculló el diablo.
entonces dios se picó: a ver, condenado, le dijo, andá, tentalo; no hay forma de que le toqués la fe.
¿de veras puedo? el diablo sintió una desconfianza sana: ¿después no vas a tratar de fulminarme con un rayo?
dios tronó: andá, te digo que podés hacerle lo que te de la gana, –excepto matarlo. vas a ver que de nada te sirve. y se volvió a ver las uñas.
así es que el diablo estiró primero una pezuña, a ver cómo estaba la temperatura más abajo, y se dejó venir.
job tenía una familia lindísima: la adoraba. los empleados lo respetaban y lo querían. año a año los campos le ofrecían cosecha abundante, los animales producían y se reproducían de manera exponencial.
pero ya ese año las cosechas no fueron buenas, el sindicato de empleados empezó a quejarse, los animales se enfermaron, los chiquitos empezaron a sacarse malas notas en la escuela, la esposa empezó a fijarse en el vecino. job siguió dándole gracias a dios por lo que todavía tenía.
no volvió a llover. el viento traía un polvo que dolía en los ojos. los empleados consiguieron mejores empleos y se le fueron todos. como no producía nada, job se quedó sin plata. perdió las tierras. pero alababa al señor por todo lo que le había dado, por lo que todavía le quedaba, por lo que tal vez podía salvar.
entonces los chiquitos se dedicaron a las drogas y la prostitución, y se le fueron muriendo uno a uno. la esposa empezó a echarse canitas al aire: al fin quedó embarazada de cualquier vecino, o de todos ellos. job la acogió, la cuidó, y la quiso como siempre la había querido. ella murió de parto, en medio de los dolores más espantosos, gritándole improperios. job mandó el bebé al hospicio y siguió dándole gracias a dios por toda la abundancia que con tanta generosidad le había permitido disfrutar.
como ya no tenía nada, mendigaba por los caminos. daba gracias porque tenía salud.
para entonces empezó a enfermarse, claro: un día le falló la vista, otro, el oído. se cubrió de sarna, de llagas, de lepra. le dio dengue, cólera y peste bubónica. cayó entre las patas de una caravana de camellos. le fallaron las piernas; rodó al caño. como ya no tenía otra cosa, le dio gracias a dios porque el caño llevaba agua con qué apagar la sed, porque sólo tenía que estirar la mano para alimentarse de alimañas.
el diablo se esperó y se esperó y siguió mandándole cositas: un día unos carajos lo agarraban a patadas, otro, a palos, o un borracho le vomitaba encima. pero job, si estaba consciente, no fallaba un solo día en sus oraciones.
la triste realidad es que, al fin, el diablo se cansó.
por eso, otro día que vio a dios tomando café en una nube, se acercó con cierto disimulo, sacó la botella de guaro para acompañarlo y, en medio de la conversación, como quien no quiere la cosa, en algún momento lanzó la noticia de que se rendía.
dios lo volvió a ver de reojo. tuvo la cortesía de no restregarle el gane. lo pensó un momento, se asomó por entre las nubes, buscó a job con la mirada, y le sonrió.
job recuperó la salud. aunque ya era un viejito viejititico, como por encanto consiguió primero trabajo, después tierras, comodidades, todo por triplicado. en el supermercado le llamó la atención una cajera despampanante, quien inmediatamente se declaró enamorada perdida de él, porque se le hizo que era gringo.
job y la cajera se casaron, tuvieron muchos hijos: una familia lindísima, que lo adoraba. contrató gente para que le administrara los abundantes bienes. los muchos empleados lo respetaban y lo querían. año a año los campos le ofrecían triple cosecha abundante, los animales producían y se reproducían de manera triple exponencial.
job le daba gracias a dios todos los días.
arriba, cuando le ponía atención, puede que dios, sentado en una nube conversando de cosas de veras serias, sonriera y se regocijara por ser tan, pero tan bueno. de veras no conocía a nadie mejor.

-.-
fábula
conversaban un día el sol y el viento cuando vieron venir a un hombre con la capa puesta.
ja, dijo el viento, a que le quito la capa en un dos por tres.
qué va, opinó el sol: apuesto a que no podés: se la quito yo.
el viento lo volvió a ver de reojo, qué hijueputa sol más creído, le aceptó la apuesta y empezó a soplar.
pero, entre más soplaba, más se envolvía el hombre en la capa, hasta que, al fin, el viento, exhausto, reconoció que no había forma.
el sol sonrió y acarició la tierra con apenas uno de sus rayos. el hombre se quitó la capa y con el pañuelo se secó la frente.
-.-
fausto
algo había aprendido el diablo del episodio de job.
como era incapaz de dejar de apostar, aunque sabía que con dios llevaba las de perder, cuando se le volvió a presentar la oportunidad, en vez de hacerle trastadas a fausto, le ofreció de todo: que buen vino, que sexo fantástico, que juventud, que viajes, que conocimiento, que el mejor criado del mundo: él mismo.
esta vez, dios ya sabía: ni siquiera se cuidó de ponerle la condición de que no se lo matara.
el diablo servía a fausto, le daba de todo, se relamía pensando en una alma más bañándose en las calderas calienticas del infierno.

hay dos versiones en cuanto a la forma en que acaba esta historia: en la primera, fausto se arrepiente en el momento de la muerte, y el diablo se queda con las manos vacías.  
-.-
plus ça change
un día estaban nicaragua y costa rica sentadas muy orondas, viendo para isla calero.

3 comentarios:

  1. Me encantaron, todos y cada uno. El tono muy simpático, tal cual me gusta, ligeramente negro :)

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  2. Me gustan en especial el segundo y toda la razón con plus ça change

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  3. Jaja, hermana. Me encanta como los hijos de Job se dedican a las drogas y la prostitución y la parte de la cajera del super.

    A ver si el sol le calienta la jupa a Ortega y sus secuaces....

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