primero
para guardar el
tesoro, fafnir se acorazó con todo lo que pudo. al fin era algo intocable, inconmensurable,
inexpugnable, invencible, horripilante.
entonces se
sintió mejor.
sólo en el
vientre no se puso nada, porque lo arrastraba por el suelo y para qué.
sigfrido hizo un
hueco y se metió en él. cuando fafnir pasó por encima, le clavó la espada en
esa parte suavísima y lo abrió en canal.
segundo
san jorge se acercó, bellísimo,
deslumbrante. nunca supo que no podía
matar a hierro a un animal imaginario.
la tradición calla el nombre del dragón. a lo mejor no tenía. quién dice que todo bicho tiene nombre.
la tradición calla el nombre del dragón. a lo mejor no tenía. quién dice que todo bicho tiene nombre.
éste, sólo
crespos y puntas y volutas, rendido a priori ante la belleza del santo, reptó a encontrarlo. estiró el
hocico: tocarle aunque sea una bota.
murió antes de que
cayera la estocada, ante el no rotundo que le prohibía una caricia.

uy, me encantó, pero qué fuerte.
ResponderBorrarme alegra mucho que te guste.
ResponderBorrarel segundo relato es el que ya existía más acabado y corresponde a la estatua de estocolmo, sankt göran och draken, que puse el pasado 22 de febrero.
(claro que ahí san jorge no tiene un estoque: blande una espada.)
tengo un par de fotos de san jorge que tomé en Berlín, quizá las quiera :)
ResponderBorrar¡encantada! ¿vio lo que puse el 23 de abril sobre jorge de capadocia? : )
ResponderBorrar