...como, por ejemplo, Elisabeth Kulmann, quien murió a los diecisiete.

Espanto. Son tales las complicaciones y las implicaciones de lo que acabo de poner así no más, que me siento tentada a olvidarme de Elisabeth y disectar en cambio ese tema. Pero no; aunque tampoco me puedo quedar callada, claro, cuándo he podido, así es que me permito observar solamente que NADIE vive NUNCA demasiado (y no me refiero a estados espantosos de consunción, que serían otro tema en sí).
Tal vez dios todopoderoso en su exagerada infinitud inconmensurable, qué espanto. En realidad me caen bien los dioses germanos, que sabían que se iban a morir, y se murieron. O tal vez haya quien diga que alguien como Hitler, pero sólo es así desde el punto de vista de los demás, por supuesto. Desde el punto de vista de los demás –y no se me está olvidando que ese fulano se suicidó.
Elisabeth Kulmann vivió diecisiete años en su nativa San Petersburgo. Probablemente murió antes de florecer, antes de dar sus mejores frutos. [Yo llevo cincuenta y dos en San José y tampoco son suficientes. Encantada haría lo mismitico que Fausto.]
Elisabeth Kulmann se llamaba Елисавета Борисовна Кульман. Nació en 1808. La podrían reclamar como propia tres literaturas…
Además de sus DOS lenguas maternas, ruso y alemán, hablaba inglés, francés, español, italiano, portugués y griego moderno. Entendía latín, griego clásico y la lengua eclesiástica eslava. Su ocupación principal eran las traducciones. Alguna vez leí que todavía hay textos para los cuales las traducciones de Elisabeth siguen vigentes, pero no encontré la fuente, así es que no me atrevo a afirmarlo. Fue poeta en las tres lenguas que amó: alemán, ruso e italiano.
Goethe recibió una muestra de lo que escribía Elisabeth a los trece, y se atrevió a vaticinar que la jovencita iba a ocupar un puesto entre los poetas más universales, sin importar en cuál lengua escribiera… pero hasta un Goethe se equivoca: qué se iba a imaginar que la chiquilla se iba a morir dentro de apenas tres o cuatro años, mucho antes que él.
Elisabeth había muerto ya hace un cuarto de siglo cuando Robert Schumann le rindió homenaje en siete canciones con poemas de ella como letra. Las recoge la obra 104, un pequeño ciclo que lleva por nombre
Siete canciones de Elisabeth Kulmann para recordar a la autora
y está compuesta por
1 Luna, preferida de mi alma
2 Que tengáis suerte en el viaje, golondrinas
3 Me llamás 'pobre muchachita'
4 El vaquero
5 Dame la mano, oh nube
6 Se murieron las últimas flores
7 Ha luchado mi barca
Los títulos son, en sí, sugerentes y dan idea del tono de los poemas. De muestra les pongo la canción número 4, un botón (de rosa):
Der Zeisig El vaquero*
Wir sind ja, Kind, im Maie, Estamos, niña, en mayo,
wirf Buch und Heft von dir! tirá los libros y cuadernos;
Komm einmal her in's Freie venite al aire libre
und sing' ein Lied mit mir. y cantá conmigo una canción.
Komm, singen fröhlich beide Vení, compitamos alegres
wir einen Wettgesang cantando los dos,
und wer da will entscheide y que decida quien quiera
wer von uns besser sang! cuál de nosotros cantó mejor.
[*Más adecuado sería, probablemente: el pastor de vacas, pero me parece que así en español no existe, verdad.]
Aquí está Der Zeisig con la música de Schumann, cantado por Juliane Bansen, con el curiosísimo Graham Johnson al piano (nunca he visto peor bostezo de notas al programa, ni nada tan curiosamente interesante: cuando se pone a explicar, por ejemplo, lo que traza en el piano el dedo chiquito de la mano derecha del acompañante mientras el cantante canta… dan ganas de pegarle un capirotazo).

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