20.6.08

Introspección

La verdad es que me gusta contar cosas. Me gusta conversar. Sentarme y hablar las horas muertas. Intercambiar cuentos, oír cosas nuevas, o viejas, intercambiar opiniones. Analizar lo que pienso a la luz de las ideas nuevas.

Si por mí fuera, tendría una casita en la montaña. Un potrero con siete vacas, pero sin Bolívar, una huerta, un gato tal vez, un perro. Árboles. Nubes. Neblina. Mucha neblina y aguaceros. A veces, viento. También silencio. Bendito sea el silencio.

Las paredes tendrían estantes, los libros todos con los lomos a la vista. He ido perdiendo la memoria. En parte, porque ya no puedo verles los lomos. Verlos ayuda. Y tiene efectos terapéuticos.

Extraño el tiempo en que, con sólo pasar por los estantes, entendía cómo estaba. Una ojeada, cuál color resalta más. Azul o verde: todo bien. Pero ay del rojo y del amarillo.

¿Qué más? Ajá. No tendría que dar clases. Me gusta enseñar, pero no dar clases. Lo he hecho demasiado tiempo. Sufro demasiado. No me siento adecuada. No he aprendido a dominar el pánico escénico del primer día. Ni del segundo. Ni del tercero. No sé tampoco aceptar que la clase no es mía.

Nunca he sido persona de grandes aglomeraciones. Ni de pequeñas. Necesito estar sola. Estar sola no es lo mismo que sentirse solitaria. Lo primero es lo que es. Lo segundo, abrumador.

Tal vez entonces me darían ganas de volver a cocinar. Cocinaría algo así como una vez al año, creo. Tendría una hamaca en el corredor de enfrente. O dos. Para tener cuatro perspectivas. A ratos, pero no siempre, una amistad perezeando en la otra, tal vez desgranando cuentos, tal vez sólo observando el paso de las nubes.

Tendría mucha agua. Chorros y chorritos, gotas y gotitas. Charcos de ver reflejado el cielo y charcos de quebrar con el pie. El sonido de un buen aguacero. Una acequia presurosa cerca de la puerta de la cocina. Una pila azul con un chorro sin tubo, siempre llena. Una tinaja húmeda a la entrada, de recibir al que llega con un trago de agua fresca.

Mucha luz de día, y mucha oscuridad de noche. Excepto la luz de luna. Pasaría mala noche, igual que ahora, cuando está llena. Y la disfrutaría, igual que ahora, igual que siempre. Le pondría un florero, o un balde, lleno de calas. O nada, francamente.

Tendría un modelo que dibujar. Ver para dibujar es otra cosa. Tendría espliego en el jardín. Tendría violetas. Tal vez adormidera. No sé si querría cantar.

Completé una página. Tengo cincuenta y dos años, cinco meses y unos días. Eso es todo.

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