17.8.08

libre crezca fecundo


Cuando éramos chiquitas, antes de Hermann, la conciencia ecológica de Papá se traducía en que no nos permitían botar basura en la calle, aunque todo el mundo lo hiciera; en que, en vez de matarlos, observábamos a los animales silvestres, aunque los demás tiraran hasta comemaíces; y en que, aunque no tuviéramos ni un centímetro cuadrado de suelo, no aprobábamos que, sin razones de fundamento, la gente se apeara los árboles.

Como el higuerón enorme que había antes en la esquina, cuando todavía era cafetal. ¿Alguien se acuerda?

Las damas de la avenida, que nunca ví, se fueron para que la gente no se resbalara en las frutillas. Quedó el nombre, y muchas personas piensan que eran señoras. Para sustituirlas sembraron urucas, que tienen un problema muy parecido. Los árboles del Parque Morazán murieron para que 'se viera más bonito', más 'como era antes', cuando, por supuesto, no tenía árboles y, si nos vamos al principio, era un hueco.

En las Historias de Cronopios y de Famas de Cortázar, un fama bota un eucalipto entero en vez de comprarse unas gomitas de eucaliptol. Costa Rica es un país de famas.

Dice la cancillería que la ceiba de enfrente estaba muy dañada y que por eso la cortaron. En honor a Jorge, darémosle el beneficio de la duda. Claro que, particularmente, esa ceiba de la casa amarilla (yellow house, dice en el rótulo que le pusieron en frente, y a la vuelta hay otro que dice spain square, o algo por el estilo) resultaba un verdadero descanso después de manejar toda una calle larga y fea, que se caracteriza por no tener prácticamente nada verde en su curso.

En 1996, al árbol del Tule le sacaron diez toneladas de ramas secas. Cuando creyeron que el árbol se les moría, los de Santa María del Tule llamaron a especialistas en árboles. Dictaminaron que había que regarlo, y ahí está. En Alemania, un país que se ha visto en la necesidad de quemar muchísimos árboles para calentarse en los inviernos de las guerras, cuando un árbol se enferma, lo cuidan. A veces uno les ve los remiendos de las heridas. Y ahí están.

¿No podía hacerse nada por salvar un árbol que tenía la copa intacta? Lo botaron en el momento en que se preparaba a echar las hojas nuevas de este año, por lo que las fotos muestran lo que da la impresión de ser sólo ramas secas. Apenas unas semanas después se hubiera puesto de un rojo claro, brillante, y habría madurado hasta el verde oscuro. Dicen que se estaba inclinando. Hasta la torre de Pisa sigue todavía por ahí.

¿Qué pecado cometió la ceiba? No creo que importe mucho quién la haya sembrado. Tampoco había cometido nadie un pecado capital en su contra, estilo usarla para matar chiquitos estrellándolos en ella, como le pasó a otro árbol, en Camboya. Éste era sólo un árbol en un país que no sabe cuidarlos, situado en un lugar más conspicuo de la cuenta, suficiente para convertirlo en símbolo. Por eso se ha oído una que otra voz.

Lo que no hice cuando estaba vivo, lo hice cuando ya no había remedio: le tomé unas fotos. La madera está sana. Debí haberme salido del carro para fotografiar los pedazos, uno por uno. Pero para qué.

No parecemos entender que cada árbol que ya está ahí representa una ganancia. No es lo mismo sembrar otro, que eventualmente crecerá, en vez de mantener lo que ya se tiene. No se me olvida que hay mucho más relacionado con este tema, pero no quiero meterme ahora con problemas como la compraventa de indulgencias que se conoce con el nombre de 'debt swap'. Es terrible pensar que a estas alturas, Costa Rica no se ha dado cuenta de que podía seguir su propio rumbo. Ya no se dio cuenta. Últimamente hemos cometido atrocidades de tal calibre, que no veo cómo se pueden remediar, no parece haber vuelta de hoja.

Libre crezca fecunda.

Un borracho arremetió contra el árbol del Teneré y se lo apeó, en medio del desierto. Si no fuera tan triste, me reiría. La ceiba tomó el mismo camino que la mal llamada casa de herrán. En realidad, no es sino el camino que tarde o temprano tomaremos todos. Si consideramos las proporciones cósmicas, como mi amigo Christian, pues no es nada.

En realidad, nada es nada. Tal vez así duele menos.


18 de julio, había llovido ese día y estaba por llover aún más



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