qué lejos estás, tan cerca
dentro de mí, tan lejos
la noche, triste y sola
trato de acercarte o de exorcizarte por medio del poder que tiene a veces la palabra
qué lejos estás, tan cerca, dentro de mí, tan lejos
ay poemas de amor satisfecho, en los que esta misma noche reluce tranquila, fecunda, aun siendo la misma noche
ay los poemas
en alguna parte debe haber amor pleno
en otra parte
como que a veces un poema no es sino una lágrima derramada de otra manera. tal vez cuando ya no hay lágrimas
ni hay poemas
qué lejos estás, tan cerca, dentro de mí, tan lejos
poder pedirte perdón. acercarme ahora a vos en actitud de suplicante, llegar caminando desde aquí, que es tan lejos, y es tan cerca
ir con el paso de las nubes en los ojos, como siempre, porque no es sino de nubes que estoy llena
peregrinar así a cambio de perdón y dejar de existir en el momento en que ante vos me incline con un ruego: que no sepás ya ni quién se te acercó, ni cómo te quiso, ni que existió siquiera
que no sepás ya del amor, ni de la vergüenza, ni del dolor. (ni tampoco, ya nunca, cómo puede ser que yo te ame). y sólo la noche un poco menos triste, un poco menos sola
tal vez surja en tu cara la sonrisa que amo
qué lejos estás, tan cerca, dentro de mí, tan lejos
ya no la encuentro
no sé: como que también se me han ido las respuestas, y las preguntas, en carrera detrás de la poesía
sólo quedás vos. dentro y fuera, sólo vos
me levanto, toda vestida de la noche
con la marea baja camino hacia el mar, me acuesto en la cama que es la arena y me cubro con la cobija de las olas
algo de vos va conmigo porque te llevo en mí, aquí mismo, cerca y lejos
mañana ya no seré
también vos te habrás muerto un poquito sin saberlo
qué lejos estarás entonces, irremediablemente,
con lejanía ya sólo desde tu punto de vista, soledad ya sólo
tuya,
y vos sin darte cuenta

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