.
va a ser de noche y voy a tener un gran dolor. entre remolinos de hojas camino al parque en medio de la llovizna y el viento de un noviembre helado. ahí estaré, boqueando, sentada en un banquito en medio de la nada, tal vez mucho rato o tal vez poco. entonces, por estúpida, me da una neumonía o similar y me muero, qué romántico.
.
19.11.08
segunda manera de morir
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

Después de leer la primera y la segunda manera de morir, Ignacio me pregunta qué pienso de la muerte. Quise contestarle directamente por e-mail, pero de repente desde hace rato ya no hay forma de entrar a mi cuenta de correo, por un 'error temporal (502)', así es que, por el momento, le contesto aquí:
ResponderBorrarMirá: yo no pienso que me vaya para ningún lado cuando me muera, sino que me muero y ya. Me parece que la gran maravilla es estar viva. Haber llegado a producirme yo contra toda la inmensidad de posibilidades de no ser.
No es que no existe el tiempo, o que conforme morimos vamos coincidiendo todos en un punto o nada, es que al morirnos nos extinguimos y ya. Con cada uno de nosotros se extingue un punto de vista, único y original, más aún que las huellas digitales que nos diferencian tan eficientemente, pero al fin y al cabo bastante más sencillas que las posibilidades de diversificación de la mente humana.
Si cambiamos de perspectiva, nos podemos ir, por ejemplo, a proporciones cósmicas, y darnos cuenta de que es totalmente irrelevante que nos muramos. Es irrelevante que hayamos existido como individuos, como género humano o como planeta. De veras no somos nada.
La extinción es completa, absoluta, dejamos de ser, exactamente como no éramos antes de haber nacido o antes de haber sido engendrados, si preferís. Nadie se extraña de no haber existido antes de nacer, excepto los que creen que se han pasado la eternidad 'reencarnando', concepto bastante extraño y antiintuitivo, además.
Me puedo burlar de la muerte porque, aunque no me quiero perder la propia (me parece un desperdicio no darme cuenta de que me muero, si es lo último que voy a hacer) también entiendo que no importa que uno se muera. O sea, no es importante para uno mismo, porque una vez que se muere, ya no existe.
Pensar de esta manera me hace pues más libre, me permite moverme con menos miedo por la vida. También, ver las cosas desde un montón de perspectivas enriquece, tranquiliza y te da espacio para ocuparte de otras cosas. O sea, es una herramienta útil para manejarse en un montón de situaciones, no sólo en ésta.
Cuando se me muere alguien que quiero, me da mucha cólera, y a veces me enojo, pero me enojo de veras, con la persona que se me murió. Pero eso es un ramalazo y no tiene nada que ver con nada.
Si querés, vete también el apunte del 7 de octubre, el alfa y el omega de quién putas. Y mi respuesta al comentario de Warren al paraíso entre paredes, 9 de noviembre.
Silvia