25.2.11

kámar y búdur

cuando estaba chiquita, me costaba leer libros con ilustraciones, porque me parecía que éstas falseaban las historias y limitaban la imaginación, sin que eso quiera decir que hubiera podido expresarlo así.  ; )


una de las pocas excepciones fueron las acuarelas de sandro nardini, italiano de quien poco sé, pues no sólo se ajustaba completamente al texto, sino que me daba detalles que enriquecían lo que yo me podía imaginar. teníamos un libro verde de cuentos de las mil y una noches, un libro rosado, de cuentos de andersen, y un libro celeste, que no era mío, y que no me acuerdo de qué era. debe haber habido también al menos un libro amarillo, otro anaranjado y uno lila, pero nosotros no los teníamos.


pasé tantas horas ensimismada en los cuadros de nardini, que los recuerdo como si los viera todos los días. los recuerdo tan bien, a pesar de lo defectuoso de mi memoria (¿alzheimer, alguien?), que ahora que me encontré otro libro con las mismas ilustraciones, puedo ver que no tiene todas las que tenía el mío. 


supongo que parte del acierto de nardini estribaba en ser 'minimalista' y seguir dejándole un montón a la imaginación. por ejemplo, en esta ilustración de búdur en brazos de los geniecillos, es eso lo que vemos: a búdur y a los geniecillos, y nada más: no está la noche, no está el paisaje, nada, –sólo ellos:


la ilustración corresponde a un cuento de las mil y una noches, del libro verde, que aquí pongo como lo recuerdo, pero que probablemente se lea muy diferente en el original y, probablemente, también en ese libro, donde se llamaba

kámar y búdur

y es que búdur, la hija preferida del emperador de china, no aceptaba a ninguno de los pretendientes que le proponía el papá, hasta que, al fin, éste, enojado, la mandó a encerrar en una torre. por el mismo tiempo, también el soberano de un reino muy lejano había encerrado a su heredero kámar, porque el muy necio tampoco le aceptaba la novia que había destinado para él.

una noche, dos geniecillos revoloteaban por la ventana de búdur. cuando la vieron, empezaron a discutir sin que pudieran ponerse de acuerdo. uno de ellos decía que no había ser humano más lindo en el mundo entero y el otro, en cambio, que había visto en otras tierras a un muchacho aún más bello. no había forma.

al fin, para zanjear el asunto,  los geniecillos se llevaron a búdur al aposento del muchacho, –que claro que sabemos quién es, y le pidieron al jefe de los genios que decidiera por ellos:

éste dictaminó que eran igual de bellos. luego tocó la mejilla de búdur, quien se despertó un momentito: gracias, padre mío, por darme un esposo digno, dijo, se quitó una sortija del dedo, se la puso al muchacho, y se volvió a dormir. igual hizo con kámar; y sucedió lo mismo (pero no, kámar no le volvió a poner a búdur la sortija de ella, sino la que tenía en la otra mano).

los geniecillos se llevaron de vuelta a la muchacha. su vuelo era tan suave, que ella nunca se dio cuenta de lo que había pasado.

a la mañana siguiente se desató un problema de veras mayúsculo, pues búdur exigió que la llevaran a la presencia del padre. cuando lo vio, lo abrazó, lo besó, le dio las gracias y aceptó el cónyuge nuevo. todo el mundo pensó que se había vuelto loca. la triste noticia se esparció por todo china. supongo que la volvieron a encerrar, pero esta vez con camisa de fuerza, verdad.



pasó el tiempo. un buen día, muy lejos de las costas imperiales, naufragó un junco chino. de todos los que en él viajaban, sólo se salvó un comerciante, el hermano de búdur, quien pudo llegar a nado a la playa de una gran ciudad. allí le llegó a oídos otra versión de la historia trágica de búdur: todo era igual, sólo que el protagonista era kámar, el príncipe heredero de este otro reino.

hasta el palacio real llegó la noticia de que el comerciante chino que había sobrevivido el naufragio era un príncipe que contaba una historia equivalente a la de kámar. así es que el comerciante tuvo que ir al palacio a contar la historia. cuando kámar lo oyó, supo de inmediato, por supuesto, que búdur era la muchacha de la noche aquélla. así es que viajó a la china con el hermano, le pasó por debajo de la puerta un sobre con la sortija, y lo demás… es el cuento usual.

claro que al principio fueron muy felices. eso pasa.

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