En 1854, Robert Schumann, uno de los compositores alemanes más connotados de su tiempo, salió de la casa a dar una vuelta, llegó a uno de los puentes que atraviesan el Rin, y echó el anillo de matrimonio al río. Después se tiró él. Lo sacaron vivo, a pesar del frío de febrero, y lo recluyeron en el asilo de locos de Endenich, en la ciudad de Bonn. A Clara, la esposa, le recomendaron no verlo "en ese estado". Pasaron dos años antes de que lo fuera a visitar, pocos días antes de morir él. Las modas, y el paso del tiempo, vuelven difícil "ver" a las personas de otras épocas. Hay fotos de Clara, pero dicen poco. Parece haber tenido unos ojos enormes, de gran luminosidad. Fue una pianista de virtuosismo extraordinario, formada por el padre. A pesar de la oposición rotunda de este, casó con Schumann, y provocó en él sus mejores obras. Johannes Brahms, otra de las luminarias musicales de ese tiempo, estuvo apasionadamente enamorado de ella. Fue su compañero constante en los dos años de encierro del marido. Recibió todo tipo de honor y fue admirada por toda Europa. Era compositora por derecho propio, catedrática universitaria en una época en que esos puestos no solían concedérsele a una mujer, y entusiasta promotora de la música del marido. Quedó embarazada diez veces, tuvo ocho hijos, de los cuales siete sobrevivieron la niñez. Cuando murió el marido, repartió a cinco por toda Alemania, se dejó a los dos menores. Años después hizo recluir a uno de los mayores, por lento y torpe, con el comentario de que no le servía de apoyo. El primer biógrafo de Clara la había conocido y admirado. Quiso dejar solo la mejor impresión de ella, por lo que le hizo el flaco favor de inventar detalles para adornarla. Ahora sabemos que no es cierto; por ejemplo, que Robert Schumann haya tomado él mismo la decisión de recluirse, "porque temía hacerle daño a Clara o a los niños". Curioso que este señor sintiera necesidad de alterar los datos de una vida que, de un modo u otro, fue singular. Para peor de males, por años de años fue considerado la autoridad en Clara Schumann, quien, de todas maneras, parecía personaje de segundo rango. Tuvo que transcurrir casi un siglo, para que Clara Schumann, esa mujer apasionante que causó tanto revuelo, le volviera a interesar a los especialistas y obtuviera el puesto que le corresponde en el panteón alemán. (25 de junio de 2005)
2.3.08
Clara, o no tanto
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