2.3.08

Cultura light

Light. No como en luz, sino como en liviano, ligero, vano. Tanto, que la palabra mejor se usa en inglés: dieta light, cigarrillos light, cerveza light, literatura light. Música light.

Cine light.

¿Cine... light, dirán ustedes, si ahora son violentas hasta las películas para chiquitos? Sí, aun así, y no importa el público: violentas y amargas, cierto, pero livianitas casi todas ellas. La violencia sustituye el pensamiento, reduce la reflexión al mínimo, valida lo que de brutal tiene ya la vida cotidiana. Un puñetazo de adrenalina, sensación que, al cabo, apenas si deja resabio. ¿Catarsis o invitación? No sé.

Hasta el análisis más somero hace que se escurran como arena entre los dedos. Con notables excepciones: lástima, por ejemplo, que Una historia de violencia (A History of Violence) no estuviera aquí en cartelera. Ojalá todavía alguien la traiga. Muy positivo, en cambio, que sí haya estado La caída (Der Untergang), alemana, tal vez lo mejor que se ha rodado hasta el momento en relación con esa época. Mucho mejor que La lista de Schindler.

¿Por qué?

Cualquiera que haya visto material auténtico sobre los campos de concentración nazis, sabe que La lista de Schindler no pasa de caricatura, es un confite. La realidad es tanto más bestial, más horrorosa, más inmisericorde, que, por comparación, entra con facilidad en la categoría de película light. En cambio, sin que se piense que lo estoy exculpando, me parece de suma importancia, importancia real, ver a Hitler como el individuo miserable que fue. Entender que el monstruo lo llevamos todos dentro. Tampoco es un fenómeno único: se repite, también hoy, en diversos grados, bajo las máscaras más distintas. Entender que debemos tener mucho cuidado con lo que aceptamos porque bueno, porque diay, porque (creemos que) pasa, porque la verdad es que jugamos en el mismo equipo. En fin: que no podemos respirar tranquilos mientras haya así sea una sola persona en el mundo que sufre tortura.

Aunque albergo la duda de qué tanto puede transmitirle una película que ignora más de doce años de horror y se centra en doce días, a un público que no sabe bien qué sucedió en Alemania, o en Europa, en los más de cuatro mil quinientos días previos.

Pero no me detengo más en esto, sino que vuelvo a lo ligerito, livianito, vano del principio.

Lo curioso es que, hasta en este estilo, uno se topa cosas interesantes. Por ejemplo, el documental TurisTicas, trabajo de graduación de Maya Rodríguez, quien estudió cine en Alemania.

En media hora escasa, Maya trata el fenómeno de las costarricenses (parece ser un asunto más que todo femenino) que, deliberadamente, escogen novios o esposos extranjeros, léase gringos, con plata (o esa es la esperanza).

Como lo hace tocando apenas de paso la parte más polémica, más dura, más dolorosa, este trabajo, que no se consigue en el mercado, cae en la categoría de lo light. Pero muestra un aspecto más de esa realidad nuestra sobre la que deberíamos estar reflexionando profundamente. Hacia dónde vamos. Quiénes somos. Qué queremos. Qué nos podemos permitir. Me contaron que la peliculita de Maya ganó un premio en el estado alemán de Hesse; en las salas alemanas, la gente aplaude y quiere saber cómo se obtiene. La encuentran simpática, pintoresca, entretenida, reveladora. También me contaron que cuando la ve un público costarricense, se queda callado.

(15 de enero de 2006)

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