24.6.12

las coníferas autóctonas de costa rica

me parece que todos, más o menos, crecimos con la idea de que en costa rica no hay ni una sola conífera autóctona: ni el ciprés, que es de guatemala y el sur de méxico, ni el pino de honduras, que es de honduras, ni nada. pues… ¡hay cinco!:

–prumnopitys standleyi

–escallonia myrtiloides (cipresillo)

y tres podocarpus:

–podocarpus guatemalensis (ciprés lorito)
¡crece al nivel del mar!

–podocarpus costaricensis

–podocarpus oleifolius (otra vez cipresillo)
también de bajura, pero no tanto como el lorito.

antes se hablaba además de podocarpus macrostachyus, pero resulta que es el mismo oleifolius. la infomación me la dio la gente de mundo forestal.

buscando buscando, me encontré además con dos cosas curiosas:

el árbol que suscitó la búsqueda, drymis granadensis, también autóctono que, si uno va con victoria, se topa por montones en las tierras altas (por ejemplo, arriba en el irazú), es un ornitorrinco vegetal: tiene aspecto de conífera pero las hojas parecen de magnolia, la corteza de sauce, las flores de camelia (con algo de imaginación), las semillas de cítrico y la madera de pino. todo esto también según mis amigos de mundo forestal.

las araucarias no son coníferas. para mí, una gran sorpresa. lo que parecen agujas son, en realidad, un montón de hojitas largas pegadas.

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en la noche del día de san juan, que se celebra la víspera

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alcance del 5 de julio:

me dice la gente de mundo forestal que la escallonia myrtiloides, por más que le digamos cipresillo, no es una conífera. vai puej.

20.6.12

amor empieza por desasosiego

amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

su principio, su medio y fin es éste:
¿pues por qué, alcino, sientes el desvío
de celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿qué razón hay de que dolor te cueste?
pues no te engañó amor, alcino mío,
sino que llegó el término preciso.


sor juana inés de la cruz
(1651-1695)
–en este solsticio de verano