Buscando otra cosa, me encontré este cuentito de hace unos años. Aquí se los dejo.
31.3.08
De hace unos años
23.3.08
¡Huevitos!
Desde hace miles de años, los huevos se han considerado símbolo de fertilidad, fuerza y regeneración, de vida eterna y resurgimiento cíclico.



La costumbre de los huevos de pascua es otra de ésas, paganas, que recogió el cristianismo en Europa. La tradición de pintarlos y adornarlos parece provenir de la parte central y oriental de Europa.

En Alemania, la costumbre de convertir los huevos de pascua en obras de arte está especialmente presente entre los pueblos eslavos que viven en el sudeste del país, los sorbios. Y es que los alemanes nunca han sido un sólo pueblo, por más que digan.

De la parte cristiana del mito no voy a hablar, creo que es de todos de sobra conocida. Me limitaré a la razón por la que la pascua cristiana ortodoxa no cae necesariamente el mismo día que la pascua cristiana occidental. Originalmente, la pascua cristiana se calculaba utilizando el calendario en boga en ese entonces, el calendario juliano, llamado así porque fue instaurado por Julio César. Constaba de doce meses de treinta o treinta y un días, excepto febrero, que además tenía dos veces seguidas el día veinticuatro en los años bisiestos. De ahí también los dos meses Julio y Agosto, insertados en ese momento en el calendario para que los meses fueran doce. Por qué a medio año, no sé. El año 46 antes de Cristo tuvo en Roma quince meses, para ajustar el calendario a la parte astronómica (o sea, para que el equinoccio de primavera cayera en marzo).

Siglos después, un Gregorio, papa en el siglo dieciséis, Gregorio XIII, cambió el calendario juliano por el que lleva su nombre, el calendario gregoriano, que ha ido sustituyendo diversos calendarios por todo el mundo. ¿Por qué? Pues… porque es razonablemente exacto (corresponde razonablemente con el año astronómico e incluye correcciones bien pensadas) y es sencillo. Claro que los mayas tenían uno mejor, pero nadie les hizo caso.

A la fecha, el último calendario importante sustituido por el gregoriano fue el chino, en 1949. ¿Y la razón para que el papa Gregorio se tomara la molestia? La pascua, por supuesto, y la complicación de calcularla utilizando el calendario juliano. Gregorio emitió una bula ordenando que, en 1582, en todos los países romano-cristianos, después del 4 de octubre seguía el 15. Punto.




Eostre es la novia del joven dios de mayo, y está emparentada con la diosa griega Eos, con Astarte y con Ishtar de Babilonia. A Eostre la acompañaba la liebre (que, con un poco de voluntad y mucha imaginación, se puede ver en la luna), otro símbolo de fertilidad, por motivos obvios: trae al mundo hasta veinte liebrecitas al año y… ¿adivinan por qué época?

De región a región varía quién trae los huevos. En todo caso, NUNCA son los padres ni demás familiares. Puede ser el gallo de pascua, la gallina celestial, los pájaros pascuales, la cigüeña, el cuco, las grullas, el urogallo (que no es un animal imaginario sino un pariente de las gallinas),

El asunto de las campanas es que en la noche que antecede a la pascua, todas las de las iglesias vuelan a Roma (y vuelven). Así es que ya saben. Las de aquí seguro no van porque les sale muy caro.

Para pintar los huevos de pascua se puede usar colorantes naturales. Para obtener tonos rojos o rojizos, se usa corteza de manzano, virutas de madero rojo, cochinilla, raíz de Rubia tinctorum (que en español se llama 'rubia', cómo no), madera de sándalo rojo. Para el azul: campeche, arándanos (Heidelbeeren, bilberries), bayas de sauco (en italiano: sambuco, en alemán: Holunder), hierba malva. Para los tonos de amarillo y café: hojas de manzano, flores de la hierba de san juan, manzanilla, raíz de zanahoria (???), hojas de castaño (europeo), té de mate (caliente), y, entre muchos más, por supuesto, café. Para el verde: hojas de hiedra, hierba de san juan (sin las flores), mate (frío), y otros.


También se usan los colorantes sintéticos de alimentos usuales en la cocina: E 101, E 104, E 110, E 120, E 122, E 132, E 141, E 151, E 160b.

Lo mismo que los diseños especiales, los colores que se usan tradicionalmente para teñir o pintar los huevos tienen su significado. El rojo, por ejemplo, es el color que más se utiliza. En todo el ámbito de la Europa central y oriental, el rojo es el color de la fuerza, el amor y la vida.


Una vez coloreados, se pueden frotar con cera o con grasa, para que los colores se vuelvan más luminosos y estén protegidos.



22.3.08
Lo que queda
de la casa de 'Herrán', es probablemente sólo la foto de satélite que aún no han cambiado en Google Earth:

En esta casa pasaron mis abuelos Kruse la luna de miel [Sí, ya sé, y no voy a hablar del asunto]. En ese entonces era de unos parientes nuestros de apellidos Montealegre Rohrmoser, de los que creo que descienden Hilda y los hermanos. No me explico cómo podemos perder así no más lo que, al menos para mí, era justificación suficiente para viajar a Cartago por la carretera vieja a Tres Ríos. Sigo de luto.
20.3.08
De Cot para arribita
tomé ayer estas fotos:

Creo que a más de uno nos traen recuerdos de tiempos idos y lugares desaparecidos.
Hoy estoy donde Olga, pero no me traje el cable y no puedo pasar las fotos. Hace viento y está fresco, en este marzo extraño que nos ha tocado este año. Hay candelillas.
17.3.08
Roble sabana
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| roble sabana |
13.3.08
Casarse con temporal
Un poco largo, pero una de las cosas que me gustan de lo que he escrito. Lo publicó Linda Berrón en 'Relatos de Mujeres', antología de narradoras de Costa Rica, caramba, hace ya años.
7.3.08
Chove en Santiago
Uno de los seis poemas que escribió Federico García Lorca en gallego, Madrigal para la ciudad de Santiago [de Compostela], con música de 'Luar na lubre'. Sé que ya lo puse en otro lugar, pero a veces, para expresar cosas diferentes, sólo se encuentra la misma manera. Hay algo en esta canción que me llega muy adentro. La versión que les pongo me gusta especialmente:
4.3.08
Marzo
Me cuenta Carmen Bulhac que el 1º de marzo se celebra en Rumania el principio de la primavera; me pregunta también si nosotros aquí la celebramos en la misma fecha.
En Rumania, ese día las mujeres le ofrecen a los hombres, y viceversa, una especie de tokens que se llaman 'martisoare' (marcitos), pequeños objetos de plástico, piedra, cobre, seda o, incluso, de oro, que representan la primavera o la suerte: florcitas de la estación, violetas, deshollinadores, herraduras. Penden de un mecatito rojo y blanco, símbolo de la vida que vence a la muerte (o de la primavera que vence al invierno, o del triunfo del renacer y la regeneración y la fecundidad general). Se cosen a la blusa o la camisa y se llevan hasta el 9 de marzo.
La costumbre está documentada desde hace ocho mil años. Hay 'marcitos' en las excavaciones arqueológicas. En ese tiempo eran piedritas blancas y rojas engarzadas en un cordel. Hace unos dos mil años, eran monedas. El valor de la moneda (oro, plata, bronce) indicaba la clase social del regalado. Los 'marcitos' se llevaban puestos hasta que reventaran los primeros brotes de los árboles, y entonces se colgaban en ellos.
El 8 de marzo se celebra el día de la madre, y el 9, los cuarenta santos y el día del padre.
Las costumbres rumanas derivan en parte de las romanas de hace casi dos mil años. Del 106 al 271, Rumania estuvo ocupada por los romanos, quienes también les dejaron el nombre y el lenguaje. Hoy en día, el 87% de los rumanos pertenece a la iglesia rumano ortodoxa; en todo el país existe una gran cantidad de iglesias y monasterios, por lo general de madera. La región de Maramuresch (pronunciado como en alemán), de la que Carmen también me habla, tiene los edificios más notables. En la construcción se nota la influencia bizantina. En otras partes, la gótica. Hoy en día están en uso más de quinientos monasterios y conventos; albergan a más de ocho mil personas. Rumania tiene veintiún millones y medio de habitantes y una superficie casi cinco veces más grande que la de Costa Rica.
No logré averiguar quiénes eran los cuarenta santos del 9 de marzo, tal vez Carmen me cuente, pero en cambio me encontré este proverbio:
"Fá ce zice popa, dar nu fá ce fáce el." (Haz lo que dice el cura, pero no hagas lo que hace él.)
Ajá.
Este año, el ayuno de Pascua (así lo llama Carmen) empieza el 10 de marzo.
Y, por respeto a mis canas, me economizo lo que me cuenta de cómo relacionan los rumanos el tiempo de principios de marzo (totalmente variable) con el genio de las mujeres de edad avanzada.
Ilona Molnar, quien vive en la misma ciudad en que se dice que nació Vlad III. Drăculea; quien, en realidad, no es rumana sino de la minoría húngara, católica en vez de ortodoxa; y quien, para sobrevivir, da clases de alemán, me cuenta del desastre que ha sido la entrada de Rumania a la Unión Europea. Les fue todavía peor que a nosotros con el TLC.
3.3.08
Trufas árabes
Mi amiga argentina Lucía Odetti, de Santa Fe, me mandó esta receta para navidad. La quiero probar, pero no me veo haciendo bolitas, qué horror.
Si alguno de ustedes trata, yo ayudo, claro. También a probarlas. Parecen fáciles y deliciosas.
Trufas árabes
Harina leudante (con el róyal incluido, dos cucharaditas de polvo de hornear por cada 225 gramos de harina): 150 gramos
Azúcar: 150 gramos.
Nueces picadas finito: 150 gramos.
Huevos enteros: 3
Vainilla al gusto, pero muy poquito para que no tape el sabor de las nueces.
En el microondas, poner los ingredientes un minuto al máximo. Revolver. Probar otro minuto y mezclar otra vez la pasta. Controlar que no se seque demasiado, de lo contrario no se pueden armar luego las bolitas ( o albondiguitas).
Controlar que esté cocida la harina y unidos los huevos; como se dijo, la pasta debe quedar algo pegajosa. Yo lo llevo generalmente de dos a tres minutos en máximo pero sin descuidar la cocción.
Llenar un bol grande con azúcar impalpable, hacer las bolitas con las palmas de las manos bañadas en azúcar y echarlas adentro. Después de que estén todas listas, meterlas en una bolsita de nylon con todo el azúcar restante para volver a cubrirlas.
Y listo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Como verás, son cantidades iguales, de manera que podés duplicar o triplicar en infinito, sólo que controlando los tiempos de cocción.
Originalmente esta receta está hecha para hacerla con almendras y nueces, o almendras solas, o la fruta seca que vos prefirás, pero para mi gusto son mas ricas con nueces puras, es que yo le siento un sabor más suave y me parece a mí que se disuelven más delicadamente en la boca.
2.3.08
La isla de Clipperton
Más o menos a la misma latitud que Ciudad Quesada, a 10º18'N y 109º12'O, en aguas territoriales mexicanas, queda la isla de Clipperton o de la Pasión, el atolón más oriental del Pacífico, perdido de este lado, donde no hay otros. Me la topé hace meses en una lectura que puede haber sido sobre piratas o más bien sobre la historia de la Isla del Coco; busqué en internet ese lugar improbable. La imagen de Google Earth no es muy buena, pero permite reconocer claramente la forma redondeada y la enorme laguna al centro. El anillo de arena tiene unos ocho kilómetros de circunferencia; encierra totalmente la laguna, de aguas sulfurosas, sin vida. Hay versiones en Wikipedia en diversos idiomas, con datos que fluctúan levemente. El punto más alto, según donde se lea, tiene 29 metros sobre el nivel del mar, o 21. Casi no hay vegetación, los cangrejos están acabando con ella, porque ya no hay chanchos que se los coman. Según un conteo, en 2001 le quedaban 674 palmeras… Distribuidas regularmente: 84 y cuarto por kilómetro, menos de una cada diez metros. La historia de la isla es singular. La 'descubrió' Magallanes, de paso, y le dio el nombre de 'Médanos', sin que fuera nunca ocupada. Después la 'descubrieron' los franceses; le dieron el nombre de Ille de la Passion, con que todavía se conoce oficialmente. El nombre de 'Clipperton' le viene de un pirata que estableció allí su cuartel (antes de los franceses), y del cual se dice que dejó un tesoro enterrado en ella. Tenía un barco del que se había apropiado en aguas costarricenses. La ocupación mexicana de 1897 estableció en ella una guarnición del ejército; hubo un gobernador (como aquí, más o menos por la misma época, en la Isla del Coco), de apellido Arnaud, quien murió en 1915. En 1917 quedaban en la isla quince mujeres y niños, y un solo hombre, el vigilante del faro, quien se proclamó rey, e inició una serie de violaciones y asesinatos que terminó con el propio, a manos de la viuda de Arnaud, a quien pretendía. Ese mismo año se cerró el capítulo, cuando los últimos sobrevivientes, cinco mujeres y niños, fueron recogidos por un barco de bandera estadounidense. Laura Restrepo noveló los hechos en el libro 'La Isla de la Pasión', que no conozco. La han reclamado los gringos, los mexicanos y, desfachatadamente, los franceses, quienes ahora la administran como parte de 'sus territorios' de Polinesia. En 2005 trataron de convertirla en depósito de basura nuclear, pero tuvieron que descartar la idea por la oposición de México y los EE.UU. 

El color del crepúsculo
éste es el último de los articulitos que escribí en la nación. los puse aquí tal cual aparecieron publicados. aunque, por supuesto, me desesperan los 'arreglitos' de los editores, decidí dejarlos tal cual:
Los inmunes
Hace poco hubo elecciones en otro país, de un continente que no es el nuestro. Allá, el sistema electoral es complejo y de veras indirecto. Se les hace más democrático. Desde este charco parece que nadie vota por nadie. Por ejemplo, los ciudadanos nunca votan para presidente de la república, ni siquiera para presidente de la asamblea legislativa, que allá se llama canciller del parlamento y es quien posee el poder político. El presidente de la república tiene papel representativo. Algo así como la reina de Inglaterra de otra parte. El canciller depuesto pertenece al partido social demócrata. A ese partido se le aflojaron las ligas por el tiempo en que la Europa oriental dejó de ser comunista. Por muchos años, entre las razones para salir electos ellos y no los otros, adujeron que si no estaban en el poder, aumentaba la amenaza de que se instituyera el comunismo constitucional. La derecha, al no tener interés social real, podía producir descontento radical en el pueblo y este, de pura chicha, decidirse por la solución más extrema. Todo el mundo sabe que después no hay vuelta atrás, a menos que intervengan los dueños del mundo y san pinochet. El partido social demócrata tuvo pues la sensación de que había perdido la razón de existir y entró en pánico. Creyó que la única vía posible de retener el poder era abandonar las ideas sociales que lo habían caracterizado desde siempre. Por ejemplo, con su venia, un día, de un simple plumazo en el parlamento, la cantidad de menores de edad pobres, contabilizados de la manera peculiar que tienen allá de contabilizar la pobreza, pasó de un millón doscientos a un millón ochocientos mil. Lo profundamente interesante de esa elección, es que ninguno de los dos grandes partidos obtuvo mayoría, sino partes muy iguales del voto electoral. En una democracia donde la única voz que tiene cada persona es el voto que ejerce cuando elige, un resultado de este tipo constituye probablemente la protesta máxima por el estado de cosas, sin salirse del esquema: no queremos lo que teníamos, pero tampoco nos gusta la alternativa. Señores, hagan el favor de revisar lo que ofrecen. Aquí estamos. Considérennos. El canciller que era y ya no es, cuando oyó el resultado de la elección, sin saber todavía que ya no iba a ser más, se lamentó a grandes voces de la ingratitud del pueblo, que no lo elegía de una vez con la mayoría de votos que él merece, y lo obligaba a negociar. Poco después tuvo el mal gusto de aceptar un puesto en la compañía transnacional que había favorecido contra viento y marea durante su gestión. En todas partes se cuecen habas. Allá, como en otros países de ese mismo continente, cuando las elecciones arrojan resultados así, las partes negocian y forman coaliciones. Algunas son más felices que otras, pero permiten gobernar, al menos por un tiempo. Cuando dejan de colaborar como acordaron, el gobierno cae y se constituye otro. No es la solución perfecta, cuál es, pero parece más adecuada que ver cómo se le serrucha el piso al otro. Tal vez podríamos aprender algo de esa gente. Aunque, claro, puede que seamos inmunes. Hemos demostrado hasta las cachas que, para quedarnos muy orondos, nos basta con compararnos solo con quienes están peor. También puede ser que sea momento de tomar otro rumbo. (19 de febrero de 2006)
Cultura light
Light. No como en luz, sino como en liviano, ligero, vano. Tanto, que la palabra mejor se usa en inglés: dieta light, cigarrillos light, cerveza light, literatura light. Música light. Cine light. ¿Cine... light, dirán ustedes, si ahora son violentas hasta las películas para chiquitos? Sí, aun así, y no importa el público: violentas y amargas, cierto, pero livianitas casi todas ellas. La violencia sustituye el pensamiento, reduce la reflexión al mínimo, valida lo que de brutal tiene ya la vida cotidiana. Un puñetazo de adrenalina, sensación que, al cabo, apenas si deja resabio. ¿Catarsis o invitación? No sé. Hasta el análisis más somero hace que se escurran como arena entre los dedos. Con notables excepciones: lástima, por ejemplo, que Una historia de violencia (A History of Violence) no estuviera aquí en cartelera. Ojalá todavía alguien la traiga. Muy positivo, en cambio, que sí haya estado La caída (Der Untergang), alemana, tal vez lo mejor que se ha rodado hasta el momento en relación con esa época. Mucho mejor que La lista de Schindler. ¿Por qué? Cualquiera que haya visto material auténtico sobre los campos de concentración nazis, sabe que La lista de Schindler no pasa de caricatura, es un confite. La realidad es tanto más bestial, más horrorosa, más inmisericorde, que, por comparación, entra con facilidad en la categoría de película light. En cambio, sin que se piense que lo estoy exculpando, me parece de suma importancia, importancia real, ver a Hitler como el individuo miserable que fue. Entender que el monstruo lo llevamos todos dentro. Tampoco es un fenómeno único: se repite, también hoy, en diversos grados, bajo las máscaras más distintas. Entender que debemos tener mucho cuidado con lo que aceptamos porque bueno, porque diay, porque (creemos que) pasa, porque la verdad es que jugamos en el mismo equipo. En fin: que no podemos respirar tranquilos mientras haya así sea una sola persona en el mundo que sufre tortura. Aunque albergo la duda de qué tanto puede transmitirle una película que ignora más de doce años de horror y se centra en doce días, a un público que no sabe bien qué sucedió en Alemania, o en Europa, en los más de cuatro mil quinientos días previos. Pero no me detengo más en esto, sino que vuelvo a lo ligerito, livianito, vano del principio. Lo curioso es que, hasta en este estilo, uno se topa cosas interesantes. Por ejemplo, el documental TurisTicas, trabajo de graduación de Maya Rodríguez, quien estudió cine en Alemania. En media hora escasa, Maya trata el fenómeno de las costarricenses (parece ser un asunto más que todo femenino) que, deliberadamente, escogen novios o esposos extranjeros, léase gringos, con plata (o esa es la esperanza). Como lo hace tocando apenas de paso la parte más polémica, más dura, más dolorosa, este trabajo, que no se consigue en el mercado, cae en la categoría de lo light. Pero muestra un aspecto más de esa realidad nuestra sobre la que deberíamos estar reflexionando profundamente. Hacia dónde vamos. Quiénes somos. Qué queremos. Qué nos podemos permitir. Me contaron que la peliculita de Maya ganó un premio en el estado alemán de Hesse; en las salas alemanas, la gente aplaude y quiere saber cómo se obtiene. La encuentran simpática, pintoresca, entretenida, reveladora. También me contaron que cuando la ve un público costarricense, se queda callado. (15 de enero de 2006)
Impaciente
Alto, canoso, vestido de caqui, anteojos de pasta negra, se inclinaba sin doblarse a la hora de hablar. Daba la sensación de estarle poniendo más del cien por ciento de atención al interlocutor. Tenía un vivero ejemplar por Cartago, y una finca por Agua Caliente donde producía semilla de plantas ornamentales. Le interesaba profundamente el bienestar de sus empleados. En el vivero había matas sembradas en el suelo, a la intemperie, y otras en cobertizos enormes. Las rosas estaban bastante a la entrada, a mano izquierda. Si alguien quería una mata, el peón la sacaba con la pala, dejándole un terrón que envolvía en papel kraft y amarraba con un mecatito. Cada rosal traía una tarjeta colgando. Se le dejaba para seguir sabiendo qué era: Lady Karla; Chicago Peace, que pasaba de amarillo a rosado conforme se iba abriendo; Alexander; Blue Moon, una rosa 'azul'; Grace de Mónaco, Pascalli, Scharlachglut, La France. Nombres que, en su mayoría, tomé de páginas que describen rosas y no del recuerdo, pero que, por sus características, pueden haber salido algún día del vivero. Don Claude Hope, oriundo de Texas, había sido capitán del ejército de los Estados Unidos. Durante la segunda guerra, cuando las cosas se pusieron color de hormiga en los mares del sur y los Estados Unidos temieron quedarse sin abastecimiento de quinina, el capitán Hope efectuó un viaje temerario. Con el enemigo pisándole los talones, despegó de una islita de las Filipinas en un avión injertado con el ala más corta de otro, porque no había ninguno entero. Transportaba un cargamento de tarros de leche llenos de semilla de cinchona para sembrar en Costa Rica. Aunque la cinchona es oriunda del Perú, que no estaba en medio conflicto, y tal vez hubiera parecido más lógico abandonar los sembrados filipinos y sacar material nuevo de América del Sur, el viaje se justificó aduciendo que se trataba de una variedad recién desarrollada y prometía rendir cantidades enormes de quinina. No sé si es suficiente como para poner en peligro la vida de todos los involucrados. En todo caso, cuando los palitos de aquí estuvieron listos para producir, aparecieron la primaquina y la cloraquina sintéticas, por lo que, a fin de cuentas, este país nunca produjo quinina. Pero todavía se ve por estos rumbos uno que otro árbol de aquellos. Acabó la guerra, el capitán Hope volvió a Costa Rica y se estableció aquí. No sé que se le haya dicho nunca de otra manera sino así, capitán Hope. A la orilla de las cercas vio una matita que no conocía, con flor de color vivo. Se interesó en ella, se dio cuenta de que crece muy fácilmente, que tiene la característica tan apreciada por los jardineros de florecer a la sombra. La cultivó, produjo una cantidad impresionante de variedades, exportó semilla a todas partes. La matita no era oriunda de aquí, pero había llegado al país ya antes de los ochentas del siglo XIX. Nosotros todavía le decimos china, pues algo que nos dio la impresión de provenir de los confines del mundo solo puede tener ese origen, aunque, como en este caso, nos viéramos obligados a situar a la China en África. En otras partes se llama sultana, por el sultán de Zanzíbar de la época en que fue descrita, o impatiens, que es también el nombre científico. Impaciente porque expulsa las semillas de la cápsula aún verde. (26 de noviembre de 2005)
La ciudad transparente
En una de las regiones más abandonadas del Estado de Tejas, cerca de la frontera con México, una ciudad pequeña se calcina al sol en los veranos, con sus tormentas de polvo; se hiela en los inviernos. Ha insistido tanto en que es la capital de la espinaca que, como prueba, desde 1937 se yergue en ella una enorme estatua colorida de Popeye. También en ese punto geográfico, rodeada de una alta cerca de malla, lleva el mismo nombre otra ciudad aún más pequeña, cuyo perímetro patrullan día y noche los soldados. Han empezado a llegarle habitantes, de diversos puntos de los Estados Unidos y de algunos países de América Latina: Perú, Venezuela, Costa Rica&...; Vivirán en ella meses, años, encerrados contra su voluntad, sin haber cometido ningún delito. Muchos serán intercambiados por prisioneros gringos o de los aliados de los Estados Unidos en la guerra espantosa que arrasa otros lares. Sin recurso alguno, llegarán en medio del conflicto a lugares destrozados, a veces con chiquitos tan pequeños que no aguantan lo brutal del viaje, a donde no los espera nadie, a ver cómo subsisten entre habitantes desesperados. Aquí, la policía llega a las casas a cualquier hora del día o de la noche, arremete contra las puertas, detiene a las personas sin dar explicaciones. Las lleva a un lugar situado entre el Cementerio General y la Sabana, en la Avenida 10 de San José. De ahí las fleta por barco a California, a Tejas o a Nueva Orleans. Si son familias completas, seguro van a parar a la ciudad de la espinaca. ¿Usted estaba al tanto? Es Crystal City, la ciudad de cristal. Corre el año de 1943, pero casi que podría ser ahora: El 10 de setiembre pasado, en medio de la tragedia por el huracán de Nueva Orleans, un día antes de la conmemoración del atentado terrorista contra las torres de Nueva York, o sea, en un momento perfecto para que pase desapercibido, leí que una corte de los Estados Unidos falló que, en tiempo de guerra, el presidente de ese país tiene derecho a encerrar sin cargos a cualquier ciudadano por el tiempo que quiera. No hay necesidad de pensar en Guantánamo para extrapolar la suerte que puede correr allá cualquier persona extranjera. Este 6 de octubre, el señor Bush repitió en un discurso lo dicho hace cuatro años, inmediatamente después del atentado, en el mismo tono radical, emocional, bárbaro, sin hacer mayores ajustes. Me pregunto qué impediría que el presidente de un paisesito como el nuestro, quien en su momento apoyó a ese gobierno del norte en una guerra bárbara porque prefiere que se mueran los chiquitos de otro lado, firme, coercionado por quién sabe qué miedos, otro pacto secreto, secreto, entiéndase, con énfasis en secreto, y de repente empiecen a desaparecer, digamos, los ciudadanos de origen árabe de este país, sin que nadie sepa qué se hicieron. Las imposiciones de este tipo son arbitrarias: entre los varios miles de internados en Crystal City hubo judíos, y apenas unos cuantos criminales nazis. Hace seis décadas, una mujer con una chiquita de tres años de la mano, camina todos los días hasta el perímetro de la ciudad transparente; mira, a lo lejos, el paisaje. Un día la criatura le pregunta por los soldados, por qué los encerraron. No mijita, le explica ella: estamos encerradas nosotras. (17 de setiembre de 2005)





