22.8.08

dolor de vieja arboleda

Era más blando que el agua, que el agua blanda,
era más fresco que el río: naranjo en flor.
En esa calle de estío, calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.

Primero hay que saber sufrir, después amar,

después partir
y, al fin, andar sin pensamiento.
Promesas vagas de un amor,
perfumes de naranjo en flor que se escaparon en el viento.

Después…
¿Qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado.
Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardada
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos, qué le habrán hecho?
Para dejarme en el pecho tanto dolor…
Dolor de vieja arboleda, calle perdida
como un pedazo de vida: naranjo en flor.



Naranjo en flor: Tango; letra de Homero Expósito, música de Virgilio Expósito (hermanos), 1944
Ésta es la versión de la cantaora de flamenco Martirios.


18.8.08

el Chimborazo

el Chimborazo

Cuando Humboldt subió al Chimborazo, se creía que era la montaña más alta del mundo.

No habían medido el Himalaya.

Hoy en día se sabe que, por la posición geográfica de ambas montañas, si en vez de medir desde el nivel del mar se mide desde el centro de la Tierra, el Chimborazo llega más lejos que el Éverest (porque está más cerca del Ecuador, sólo un grado al sur, y la Tierra tiene ancha la cintura).



diagrama del Chimborazo de la monumental obra de Humboldt sobre el viaje a Latinoamérica, publicada después del viaje de cinco años a lo largo de veintiuno, en París, en francés, en treinta volúmenes


17.8.08

libre crezca fecundo


Cuando éramos chiquitas, antes de Hermann, la conciencia ecológica de Papá se traducía en que no nos permitían botar basura en la calle, aunque todo el mundo lo hiciera; en que, en vez de matarlos, observábamos a los animales silvestres, aunque los demás tiraran hasta comemaíces; y en que, aunque no tuviéramos ni un centímetro cuadrado de suelo, no aprobábamos que, sin razones de fundamento, la gente se apeara los árboles.

Como el higuerón enorme que había antes en la esquina, cuando todavía era cafetal. ¿Alguien se acuerda?

Las damas de la avenida, que nunca ví, se fueron para que la gente no se resbalara en las frutillas. Quedó el nombre, y muchas personas piensan que eran señoras. Para sustituirlas sembraron urucas, que tienen un problema muy parecido. Los árboles del Parque Morazán murieron para que 'se viera más bonito', más 'como era antes', cuando, por supuesto, no tenía árboles y, si nos vamos al principio, era un hueco.

En las Historias de Cronopios y de Famas de Cortázar, un fama bota un eucalipto entero en vez de comprarse unas gomitas de eucaliptol. Costa Rica es un país de famas.

Dice la cancillería que la ceiba de enfrente estaba muy dañada y que por eso la cortaron. En honor a Jorge, darémosle el beneficio de la duda. Claro que, particularmente, esa ceiba de la casa amarilla (yellow house, dice en el rótulo que le pusieron en frente, y a la vuelta hay otro que dice spain square, o algo por el estilo) resultaba un verdadero descanso después de manejar toda una calle larga y fea, que se caracteriza por no tener prácticamente nada verde en su curso.

En 1996, al árbol del Tule le sacaron diez toneladas de ramas secas. Cuando creyeron que el árbol se les moría, los de Santa María del Tule llamaron a especialistas en árboles. Dictaminaron que había que regarlo, y ahí está. En Alemania, un país que se ha visto en la necesidad de quemar muchísimos árboles para calentarse en los inviernos de las guerras, cuando un árbol se enferma, lo cuidan. A veces uno les ve los remiendos de las heridas. Y ahí están.

¿No podía hacerse nada por salvar un árbol que tenía la copa intacta? Lo botaron en el momento en que se preparaba a echar las hojas nuevas de este año, por lo que las fotos muestran lo que da la impresión de ser sólo ramas secas. Apenas unas semanas después se hubiera puesto de un rojo claro, brillante, y habría madurado hasta el verde oscuro. Dicen que se estaba inclinando. Hasta la torre de Pisa sigue todavía por ahí.

¿Qué pecado cometió la ceiba? No creo que importe mucho quién la haya sembrado. Tampoco había cometido nadie un pecado capital en su contra, estilo usarla para matar chiquitos estrellándolos en ella, como le pasó a otro árbol, en Camboya. Éste era sólo un árbol en un país que no sabe cuidarlos, situado en un lugar más conspicuo de la cuenta, suficiente para convertirlo en símbolo. Por eso se ha oído una que otra voz.

Lo que no hice cuando estaba vivo, lo hice cuando ya no había remedio: le tomé unas fotos. La madera está sana. Debí haberme salido del carro para fotografiar los pedazos, uno por uno. Pero para qué.

No parecemos entender que cada árbol que ya está ahí representa una ganancia. No es lo mismo sembrar otro, que eventualmente crecerá, en vez de mantener lo que ya se tiene. No se me olvida que hay mucho más relacionado con este tema, pero no quiero meterme ahora con problemas como la compraventa de indulgencias que se conoce con el nombre de 'debt swap'. Es terrible pensar que a estas alturas, Costa Rica no se ha dado cuenta de que podía seguir su propio rumbo. Ya no se dio cuenta. Últimamente hemos cometido atrocidades de tal calibre, que no veo cómo se pueden remediar, no parece haber vuelta de hoja.

Libre crezca fecunda.

Un borracho arremetió contra el árbol del Teneré y se lo apeó, en medio del desierto. Si no fuera tan triste, me reiría. La ceiba tomó el mismo camino que la mal llamada casa de herrán. En realidad, no es sino el camino que tarde o temprano tomaremos todos. Si consideramos las proporciones cósmicas, como mi amigo Christian, pues no es nada.

En realidad, nada es nada. Tal vez así duele menos.


18 de julio, había llovido ese día y estaba por llover aún más



16.8.08

el ahuehuete del Tule


Del Diario de Oaxaca, de Oliver Sacks:

Llevo ya cincuenta años o más con ganas de ver al Gigante, el famoso árbol del Tule, ese ciprés calvo colosal del patio de la iglesia de Santa María del Tule; son ganas que vienen de cuando ví una foto vieja en el libro de texto de botánica de Strasburger en mis días de biología escolar, y leí que Alexander von Humboldt, quien lo visitó en 1803, pensó que podía tener más de cuatro mil años de edad. La noción de que el mismo Humboldt efectuara un viaje especial para verlo, de que ahora estoy parado, casi doscientos años después, donde pudo haber estado él, le agrega una dimensión especial. Humboldt es uno de mis grandes héroes, y lo ha sido desde que yo tenía catorce o quince años. Amo su curiosidad enorme e insaciable, su sensibilidad y su atrevimiento: fue el primer europeo en escalar el Chimborazo, el pico andino más alto del Ecuador y, ya cerca de los setenta, no le dedicó ninguna reflexión particular a embarcarse en un viaje salvaje por Siberia, en el transcurso del cual recolectó minerales y plantas, e hizo observaciones mineralógicas. No sólo tenía una sensibilidad manifiesta por el mundo natural, sino que también parecía ser (lo cual no es cierto de todos los naturalistas, y ni siquiera de todos los antropólogos) inusualmente sensible a las diversas culturas y a las gentes con quienes se topó.
Aunque todavía estamos en las inmediaciones de la ciudad de Oaxaca, imagino que, en tiempos de Humboldt, esta iglesia y su árbol deben haber estado muy aislados. Eso se aprecia claramente en la vieja fotografía, donde se ve la iglesia rodeada de campo abierto, mientras que ahora la rodea un pueblo boyante y, en realidad, casi ha sido absorbida por la misma ciudad.
El árbol es demasiado grande para que lo abarque la vista. Debe haber parecido aún más extraordinario antes de que la misión y la ciudad fueran erigidas. Empequeñece la iglesita y la hace parecer de juguete. No es sólo la altura (de escasos cincuenta metros) sino el perímetro (casi 65 metros alrededor del tronco) y el aún más inmenso follaje, que corona el tronco monstruoso como si fuera un hongo.
Un mundo de pájaros entra y sale volando: en el árbol tienen sus residencias, sus apartamentos. Scott saca la cámara, examina y fotografía cuidadosamente las piñas; las femeninas a la altura del ojo, las masculinas más arriba. Takashi Hoshizaki, delgado y ágil a pesar de todos sus setenta y cinco años, con el sombrero de fieltro lleno de pines, compara el árbol del Tule con los pinos longevos de California, de los cuales se afirma que llegan a los seis mil años de edad. Menciono el famoso drago de Laguna en las Islas Canarias, que también tiene la reputación de tener seis mil años; el árbol que produjo tales extravagancias líricas en Humboldt que el mismo Darwin se sintió profundamente desilusionado cuando no pudo verlo, debido a una cuarentena. Takashi me cuenta que hace dos mil años toda esta área era exuberante, integrada en un suampo; ahora es árida, semidesértica la mayor parte del año; sólo sobrevive el árbol del Tule para contar el cuento, con sus amplias raíces y su avanzada edad. Me pregunto qué más ha visto el Gigante. El ascenso y la caída de media docena de civilizaciones, la llegada de los españoles, toda la historia humana de Oaxaca.



El árbol del Tule es un ahuehuete, Taxodium mucronatum. La palabra ahuehuete es nahuatl y significa 'viejo del agua'. También se llama 'ciprés calvo', como le dice Sacks, y 'ciprés de Montezuma', porque hace quinientos años éste mandó a sembrar de esos árboles sus fabulosos jardines. En tarasco se llama 'penhamu', de donde Pénjamo es 'el lugar donde crecen los ahuehuetes'. El árbol de la Noche triste, donde lloró el imbécil, era un ahuehuete.
Se calcula que éste tiene al menos dos mil años, aunque nunca se le ha calculado la edad de manera estrictamente científica; mide (dato de 2005) 35,4 metros de altura, y 36,2 metros de circunferencia. Ocupa un volumen de setecientos cinco metros cúbicos y pesa alrededor de quinientos diez mil kilogramos. A su sombra se pueden cobijar más de quinientas personas a la vez, y para rodearlo se necesitan unos treinta adultos, agarrados de la mano con los brazos extendidos. En 1996 se le quitaron más de diez toneladas de ramas y hojas muertas. En la región sobreviven ocho ejemplares notables de esta especie. El árbol del Tule es el más grande.





17º45'N 10º04'E


Hay en medio del Sahara una región tan increíblemente seca y abandonada de todo, que los pueblos de aquellos lares hablan del desierto en medio del desierto: el Teneré, larga extensión de dunas al noreste del Níger.
Teneré, lo mismo que sahara, no es sino otra forma de decir desierto. En francés se escribe con tres tildes: Ténéré


Hasta hace poco, sola entre las dunas, aislada, había una acacia en medio del Teneré. Mojón de rutas de caravana, esperanza. Según Raymund Mauny, una Acacia tortilus Hayne, kandili en tuareg.
El árbol del Teneré. El más aislado de la Tierra, el más solitario tal vez, señalado en los mapas aun a escalas donde no aparecen muchas ciudades: no había otro en cuatrocientos kilómetros a la redonda. A la par, un pozo de agua no muy buena. Lo excavaron en 1938/39; entonces se vio que las raíces de la acacia descendían a treinta y tres y treinta y seis metros de profundidad, hasta el nivel friático.


Michel Lesourd estuvo ahí en ese tiempo. La excavación le pareció una quimera, porque a los habitantes de la región nunca se les había ocurrido. Se trataba de un proyecto francés y era, efectivamente, una empresa de locos, en condiciones infrahumanas para los excavadores, gente de proporciones atléticas, del lugar, por supuesto, y no franceses. Escribió:

Hay que haber visto el árbol para creer que existe. ¿Qué secreto guarda? ¿Cómo puede seguir vivo a pesar de las multitudes de camellos que pisotean los alrededores? ¿Por qué no se acerca ningún camello perdido a alimentarse de las hojas y las espinas? …
Todos los años las azalai, las caravanas de la sal, se reúnen debajo antes de enfrentarse a la travesía del desierto. La acacia se ha convertido en un faro viviente, el primer y el último mojón para la caravana que parte de Agadez a Bilma, o que vuelve.
Los pájaros descansan al pie del árbol. Los atrae desde lejos y piensan que en él pueden encontrar agua y follaje verde. Lamentablemente, les espera la muerte. No es un espejismo, pero tampoco un manantial donde las palomas y los cuervos y los gorriones puedan beber.


También Henry Lothe reseñó las dos visitas que hizo al árbol del Teneré, en 1934 y 1959. La segunda vez lo encontró dañado por la arremetida de un vehículo:
Antes, este árbol era verde y tenía flores: ahora es un árbol lleno de espinas, descolorido y sin hojas. No lo reconozco. El tronco estaba claramente dividido en dos. Ahora tiene un tronco simple, con un chonco al lado, arrancado, más que cortado, como a un metro de altura. ¿Qué le pasó a este árbol triste? Nada más que arremetió contra él un camión que iba para Bilma… aunque tenía espacio suficiente para evitarlo.



En 1973 alguien volvió a atropellar a ese último sobreviviente de climas menos severos, y lo arrancó del todo. Desde ese noviembre, sus restos están expuestos al público en la capital del Niger, Namey, en un pabellón especial del museo nacional del país.





En el Teneré, en el punto original, levantaron en su lugar un ‘monumento’ de tubos de metal, otro ‘árbol’ con partes de carro como reflectores en las ‘ramas’. Eso es progreso.



La gente de por ahí erigió cerca otra estructura. Probablemente sobreviva al árbol nuevo.


Originalmente, la base estaba compuesta por tres estañones. Hoy tiene dos. También va disminuyendo la cantidad de reflectores.



A veces los grupos de turistas se encuentran al nuevo ‘árbol’ en el suelo y se organizan para volverlo a levantar.



Hoy existen dos pozos en el lugar, muy cercanos entre sí. El que está totalmente forrado en cemento, produce un eco espectacular cuando uno habla. El otro, del todo no tiene eco. Leí que, para los estándares del desierto, el agua de esos pozos no es tan espantosamente mala, y la gente encuentra siempre unos metros de agua acumulados en el fondo. Probablemente más de cuatro metros cúbicos.


Todavía acampan ahí las caravanas de sal. Al lugar lo llaman Ad Azzaouagger. No pude encontrar qué significa. Me gustaría poder suponer que ‘junto a la acacia’. Quién sabe.





15.8.08

soneto 76

De los sonetos de Shakespeare, tal vez éste.
Shakespeare escribe sonetos de tres estrofas de cuatro versos más un dístico final; Quevedo y Lope de Vega, dos estrofas de cuatro versos, seguidas de dos de tres, como en los dos que les puse más abajo.

Sonnet 76

Why is my verse so barren of new pride,
So far from variation or quick change?
Why with the time do I not glance aside
To new-found methods, and to compounds strange?

Why write I still all one, ever the same,
And keep invention in a noted weed,
That every word doth almost tell my name,
Showing their birth, and where they did proceed?

O! know sweet love I always write of you,
And you and love are still my argument;
So all my best is dressing old words new,
Spending again what is already spent:

For as the sun is daily new and old,
So is my love still telling what is told.

24.6.08

Cristina

22.6.08

clase de canto



Carlota, mi amiga de peor caracter, al fin se queda quieta para una foto.


el tema de La ciudad sin nombre

Con el tiempo he ido encontrando música en internet que pensé que nunca más iba a oír. Recordaba vagamente una canción… me fascinaba especialmente la voz del cantante. Lo único que sabía todavía con certeza era el nombre con que la anunciaban: el tema de la ciudad sin nombre.

¿Se acuerdan de Lee Marvin? ¿Aquel actor que hacía de vaquero, soldado, policía o facineroso? Pues… ¡él la canta! En 1969 hizo una película musical, ese género terrorífico que sólo los gringos pudieron haber inventado, en la que también aparecía Clint Eastwood (figúrense), y le tocaba echarse la canción. Es como oír cantar a un schnauzer: ; )



I was born under a wandering star. Wheels are made for rolling, mules are made to pack, I've never seen a sight that didn't look better looking back. Mud can make you prisoner and the plains can bake you dry, snow can burn your eyes, but only people make you cry. Home is made for coming from, for dreams of going to, which with any luck will never come true. Do I know where hell is? Hell is in 'hello', Heaven is 'goodbye forever, it's time for me to go'. When I get to Heaven, tie me to a tree, for I'll begin to roam and soon you'll know where I will be. I was born under a wandering star.

Descubrí algo, guardando las distancias: todavía me gusta.

21.6.08

conjuro

Entre las varias versiones latinas del De profundis, está la que unos días atrás puse aquí. Éste es un intento de ponerla en español, ayudada, claro, por cuanta traducción tuve a mano:


Desde lo profundo clamo a ti, Señor.
Señor, ¡escucha mi voz!, inclina tu oído a la súplica de mi voz.
Si tuvieras en cuenta nuestras iniquidades, Señor: ¿quién quedaría incólume?
En tí está ser generoso y, en consecuencia, tu ley se sostiene, Señor.
Sostén mi alma en tu palabra.
Mi alma espera en ti, Señor, como los custodios de la noche esperan la mañana.



20.6.08

Introspección

La verdad es que me gusta contar cosas. Me gusta conversar. Sentarme y hablar las horas muertas. Intercambiar cuentos, oír cosas nuevas, o viejas, intercambiar opiniones. Analizar lo que pienso a la luz de las ideas nuevas.

Si por mí fuera, tendría una casita en la montaña. Un potrero con siete vacas, pero sin Bolívar, una huerta, un gato tal vez, un perro. Árboles. Nubes. Neblina. Mucha neblina y aguaceros. A veces, viento. También silencio. Bendito sea el silencio.

Las paredes tendrían estantes, los libros todos con los lomos a la vista. He ido perdiendo la memoria. En parte, porque ya no puedo verles los lomos. Verlos ayuda. Y tiene efectos terapéuticos.

Extraño el tiempo en que, con sólo pasar por los estantes, entendía cómo estaba. Una ojeada, cuál color resalta más. Azul o verde: todo bien. Pero ay del rojo y del amarillo.

¿Qué más? Ajá. No tendría que dar clases. Me gusta enseñar, pero no dar clases. Lo he hecho demasiado tiempo. Sufro demasiado. No me siento adecuada. No he aprendido a dominar el pánico escénico del primer día. Ni del segundo. Ni del tercero. No sé tampoco aceptar que la clase no es mía.

Nunca he sido persona de grandes aglomeraciones. Ni de pequeñas. Necesito estar sola. Estar sola no es lo mismo que sentirse solitaria. Lo primero es lo que es. Lo segundo, abrumador.

Tal vez entonces me darían ganas de volver a cocinar. Cocinaría algo así como una vez al año, creo. Tendría una hamaca en el corredor de enfrente. O dos. Para tener cuatro perspectivas. A ratos, pero no siempre, una amistad perezeando en la otra, tal vez desgranando cuentos, tal vez sólo observando el paso de las nubes.

Tendría mucha agua. Chorros y chorritos, gotas y gotitas. Charcos de ver reflejado el cielo y charcos de quebrar con el pie. El sonido de un buen aguacero. Una acequia presurosa cerca de la puerta de la cocina. Una pila azul con un chorro sin tubo, siempre llena. Una tinaja húmeda a la entrada, de recibir al que llega con un trago de agua fresca.

Mucha luz de día, y mucha oscuridad de noche. Excepto la luz de luna. Pasaría mala noche, igual que ahora, cuando está llena. Y la disfrutaría, igual que ahora, igual que siempre. Le pondría un florero, o un balde, lleno de calas. O nada, francamente.

Tendría un modelo que dibujar. Ver para dibujar es otra cosa. Tendría espliego en el jardín. Tendría violetas. Tal vez adormidera. No sé si querría cantar.

Completé una página. Tengo cincuenta y dos años, cinco meses y unos días. Eso es todo.

16.6.08

¡ja!


Acabo de darme cuenta de que prácticamente todo lo que 'sé' de mitología germánica continental (de Alemania, no de Escandinavia ni de Islandia)  fue inventado o arreglado y adornado en el siglo XIX.


[foto de Art Rock]

14.6.08

Algunos vivimos "demasiado", otros se mueren antes de tiempo…

...como, por ejemplo, Elisabeth Kulmann, quien murió a los diecisiete. 




Espanto. Son tales las complicaciones y las implicaciones de lo que acabo de poner así no más, que me siento tentada a olvidarme de Elisabeth y disectar en cambio ese tema. Pero no; aunque tampoco me puedo quedar callada, claro, cuándo he podido, así es que me permito observar solamente que NADIE vive NUNCA demasiado (y no me refiero a estados espantosos de consunción, que serían otro tema en sí). 

Tal vez dios todopoderoso en su exagerada infinitud inconmensurable, qué espanto. En realidad me caen bien los dioses germanos, que sabían que se iban a morir, y se murieron. O tal vez haya quien diga que alguien como Hitler, pero sólo es así desde el punto de vista de los demás, por supuesto. Desde el punto de vista de los demás –y no se me está olvidando que ese fulano se suicidó. 

Elisabeth Kulmann vivió diecisiete años en su nativa San Petersburgo. Probablemente murió antes de florecer, antes de dar sus mejores frutos. [Yo llevo cincuenta y dos en San José y tampoco son suficientes. Encantada haría lo mismitico que Fausto.]

Elisabeth Kulmann se llamaba Елисавета Борисовна Кульман. Nació en 1808. La podrían reclamar como propia tres literaturas… 

Además de sus DOS lenguas maternas, ruso y alemán, hablaba inglés, francés, español, italiano, portugués y griego moderno. Entendía latín, griego clásico y la lengua eclesiástica eslava. Su ocupación principal eran las traducciones. Alguna vez leí que todavía hay textos para los cuales las traducciones de Elisabeth siguen vigentes, pero no encontré la fuente, así es que no me atrevo a afirmarlo. Fue poeta en las tres lenguas que amó: alemán, ruso e italiano.

Goethe recibió una muestra de lo que escribía Elisabeth a los trece, y se atrevió a vaticinar que la jovencita iba a ocupar un puesto entre los poetas más universales, sin importar en cuál lengua escribiera… pero hasta un Goethe se equivoca: qué se iba a imaginar que la chiquilla se iba a morir dentro de apenas tres o cuatro años, mucho antes que él.

Elisabeth había muerto ya hace un cuarto de siglo cuando Robert Schumann le rindió homenaje en siete canciones con poemas de ella como letra. Las recoge la obra 104, un pequeño ciclo que lleva por nombre

Siete canciones de Elisabeth Kulmann para recordar a la autora

y está compuesta por

Luna, preferida de mi alma
2 Que tengáis suerte en el viaje, golondrinas
3 Me llamás 'pobre muchachita'
4 El vaquero
5 Dame la mano, oh nube
6 Se murieron las últimas flores
7 Ha luchado mi barca

Los títulos son, en sí, sugerentes y dan idea del tono de los poemas. De muestra les pongo la canción número 4, un botón (de rosa):

Der Zeisig                                  El vaquero*

Wir sind ja, Kind, im Maie,            Estamos, niña, en mayo,
wirf Buch und Heft von dir!             tirá los libros y cuadernos;
Komm einmal her in's Freie          venite al aire libre
und sing' ein Lied mit mir.             y cantá conmigo una canción.

Komm, singen fröhlich beide        Vení, compitamos alegres
wir einen Wettgesang                 cantando los dos,
und wer da will entscheide           y que decida quien quiera
wer von uns besser sang!             cuál de nosotros cantó mejor.

[*Más adecuado sería, probablemente: el pastor de vacas, pero me parece que así en español no existe, verdad.]

Aquí está Der Zeisig con la música de Schumann, cantado por Juliane Bansen, con el curiosísimo Graham Johnson al piano (nunca he visto peor bostezo de notas al programa, ni nada tan curiosamente interesante: cuando se pone a explicar, por ejemplo, lo que traza en el piano el dedo chiquito de la mano derecha del acompañante mientras el cantante canta… dan ganas de pegarle un capirotazo).

 

29.5.08

de profundis



De profundis clamavi ad te, Domine:
Domine, exaudi vocem meam.
Fiant aures tuae intendentes:
in vocem deprecationis meae.
Si iniquitates observaveris, Domine: qui sustinebit?
Quia apud te propitiatio est:
et propter legem tuam sustinuite, Domine.
Sustinuit anima mea in verbo ejus,
speravit anima mea in Domino,
a custodia matutina usque ad noctem.



polvo enamorado

Francisco de Quevedo (1580-1645)

Amor constante más allá de la muerte

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día

y podrá desatar esta alma mía

hora, a su afán ansioso lisonjera;

 

Mas no de esotra parte en la ribera

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama el agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

 

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,

venas, que humor a tanto fuego han dado,

medulas, que han gloriosamente ardido,

 

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

no quiero más bien

Félix Lope de Vega (1532-1635)


Ya no quiero más bien que sólo amaros,
ni más vida, Lucinda, que ofreceros
la que me dáis, cuando merezco veros,
ni ver más luz que vuestros ojos claros.

Para vivir me basta desearos,
para ser venturoso, conoceros,
para admirar el mundo, engrandeceros,
y para ser Eróstrato, abrazaros.

La pluma y lengua, respondiendo a coros,
quieren al cielo espléndido subiros,
donde están los espíritus más puros;

que entre tales riquezas y tesoros,
mis lágrimas, mis versos, mis suspiros,
de olvido y tiempo vivirán seguros.


26.4.08

Aquis submersus

Qué extraño recontar el argumento de una obra literaria exquisita y llena de detalles, en vez de, simplemente, poner el texto. Todavía más extraño puesto que se trata del cuento un autor excelente, y que me encanta: Theodor Strom. Pero es extenso: buscarlo y traducirlo, aunque más lógico, me tomaría un tiempo del que ahora no dispongo.



Dos cuadros notables cuelgan entre los muchos objetos de la antiquísima iglesia de un pueblito, uno a la par del otro. De un lado, un pastor, severo y oscuro; del otro, un chiquito de unos cinco años, arrecostado en una almohada de encajes, con un lirio de agua en la mano, muerto. Debajo hay una inscripción: C. P. A. S.

- . -

Una muchacha noble vivía aislada, con un hermano que velaba por ella como un buitre, y la quería casar con un amigo suyo de perversidad conocida. Como era tradición, para que quedara en la familia, le encarga que la pinte a un artista excelente, un amigo de niñez de la casa, quien apenas está de vuelta del viaje de estudios. El pintor y la modelo reviven entonces, ante la mirada vitriólica del hermano, el amor que se tuvieron de chiquitos. Cuando el pintor termina el encargo, ella está embarazada.

El pintor pide la mano de la muchacha. El hermano le contesta con un disparo. Cuando se recupera de la herida, ella ya no está en la casa. Se topa con un muro de silencio. Sus pesquisas no dan resultado.

Pasan cinco años desesperados. La fama del pintor se extiende. De una ciudad lejana lo llaman para que haga unos retratos. Mientras cumple con los encargos, surge la posibilidad de distraerse un poco pintando además al pastor de una pequeña comunidad vecina, a donde se llega caminando por un paisaje muy hermoso. El párroco es un hombre adusto, grande, oscuro y feo, que lo recibe a menudo con el hijo, un chiquito grácil, pálido y triste.

Corre el año de 1666, en la ciudad se aprestan a quemar a una bruja. Camino al pueblito, el pintor se topa a la gente que va al espectáculo. Cuando llega, se encuentra con que el modelo también se fue. Camina por los alrededores, entra al jardín de la casa parroquial. Oye al niño jugando y se topa con la madre.

El encuentro no es lo que él esperaba. Ella está gastada y débil, horrorizada por la culpa que imagina que carga. Desde el principio supo que era él quien pintaba al marido, pero no quiso verlo. Si hubiera sabido que iba a venir esa mañana, no habría salido al jardín. Ahora le ruega que la deje, tiene que cuidar al niño, quien juega junto a la acequia. Le dice que ha tenido la enorme suerte de que el marido, quien no sabe nada de la historia, lo quiera como si fuera suyo.

La voz del chiquito se distingue claramente, canta una cancioncita piadosa. El pintor retiene a la madre. Trata de convencerla de que debe irse con él. La idea, se trata de volver a pecar, la horroriza, pero sabe que no va a poder resistir. Regresa el marido, ella se va en busca del hijo, el pintor vuelve al cuadro.

Se oye un grito desgarrador. Mientras ellos dos conversaban, el chiquito se cayó en la acequia. Ensimismados, ajenos a todo lo que los rodeaba, no se dieron cuenta. Está muerto.

- . -

El pastor va a la ciudad a buscar al pintor. La esposa le confesó todo. Piensa que debería odiarlo, pero entiende que los une el mismo amor. Quiere que pinte al chiquito y le done el cuadro a la iglesia.

El pintor pasa un día completo, solo, pintando al hijo muerto. En la mano le coloca, como regalo, un lirio de agua blanco, una flor que no se da en esa región. Cuando termina, no firma, no signa, nada. Sólo agrega una inscripción: C. P. A. S. Después se va.

- . -

C. P. A. S. Culpa patris aquis submersus. Sumergido en el agua por culpa del padre.


25.4.08

Ys, Rungholt, Vineta

Hay otras ciudades sumergidas, empezando por la legendaria Atlantis, que a los alemanes les gusta situar por Helgoland o en la desembocadura del Elba, pero escojo estas tres:

Ys, Rungholt, Vineta,

sumergidas hace tanto tiempo que se convirtieron en leyenda antes de volver a la historia.

Ys, la ciudad que inspiró a Debussy, quedaba en el golfo de Douarnenez, en la Bretaña. Rungholt estuvo en la costa occidental de Jutlandia, en Schleswig-Holstein. Y Vineta, en la desembocadura del Oder, en el Báltico, parece que cerca de la ciudad de Wollin, en la Pomerania, en la margen polaca del río.

Rungholt, de las tres, es la de desaparición más dramática. Las otras dos parecen haber sido destruidas en la guerra y los restos lavados en gran parte por el mar. Pero Rungholt fue erigida sobre un terreno muy blando, en un extenso pantano. Se hundió completa el 16 de enero de 1362, al segundo día de los tres de 'die grote Manndränke' que azotó las costas del Mar del Norte, destruyó diques, produjo enormes inundaciones, y le costó la vida a unas cien mil personas. Los pescadores deben haberla visto ahí no más, debajo del agua, inalcanzable, hasta que la fue cubriendo la arena… La cubrió por más de quinientos años.

Vineta es la ciudad que Nils Holgersson puede salvar si en ella compra algo, cualquier cosa. Pero se le ha olvidado que tiene una moneda en la bolsa del pantalón y no la saca sino cuando ya es demasiado tarde. Selma Lagerlöf la sitúa en Suecia.

 Las leyendas de cada una de ellas quedan para más adelante. Son bonitas. En todas, a veces, se oyen sonar las campanas sumergidas.

 

Pronto empezarán a tener compañía: Puntarenas, ¿Limón?, ¿La Habana? Venecia.





24.4.08

ahora y en la hora

El agua. Siempre sugerente. Por ejemplo, en


La cathédrale engloutie

según Debussy:



y según Escher:




20.4.08

Bremen

El otro cuento que me publicó Linda en Relatos de Mujeres.


      Para poder amarlo lo invento cada día. Camina calles lejanas que mis ojos intuyen, postes de alumbrado a intervalos regulares, árboles viejos, árboles nuevos. A veces lo envuelve una neblina larga y hace frío.
      En alguna ciudad camina, en cualquier ciudad, a la que hoy le pongo un nombre: Bremen. Quiero imaginar que es Bremen, lo que no representa más que una forma de decir "muy lejos" o, tal vez, "quién sabe". Me parece como si yo alguna vez hubiera estado allí pero ya no estoy segura, no es más que una idea vaga, como si supiera que a la salida de la estación de ferrocarril, a mano derecha, descansan dos esfinges o dos leones.
      Y a partir de ahí es que la ciudad se abre y a partir de ahí es que contiene muchas casas. Pero las casas no la hacen: cambian, a veces las botan y surgen otras, o les pintan murales a las paredes vacías, tal vez varíe el color de alguna puerta. Y la ciudad es la misma. También la gente se transforma: envejece o se va, llega o vuelve o nace o muere. Y la ciudad es la misma. Puedo pensar que ése que imagino no estuvo siempre ahí; tal vez hizo viajes largos, pero volvió, puede ser.
      Es un hombre sólido aunque a veces creo que está un poco cansado. Todos los días se levanta, todos los días va al trabajo, tal vez en tranvía (¿tiene Bremen un tranvía?) o todo el trayecto a pie, un trecho por esa acera de árboles a intervalos regulares, luz y sombra, claro, oscuro, las manos en los bolsillos. 
      Seguramente hoy llueve también allá y, como aquí, tal vez llueva con sol. Puede que él mire por la ventana mientras la lluvia golpetea el pavimento, los paraguas tapan gente que corre, envuelta en impermeables. Funcionan un-dos un-dos los limpiaparabrisas.
      Y puede ser que de la misma manera en que yo veo su calle superpuesta a mi paisaje, sueñe él mi cafetal al mismo tiempo que ve la calle: que vea conmigo cómo sube el vaho de la tierra caliente, aquí, junto a la ventana, lo mismo que en otros cafetales más lejanos. Ésa como niebla empieza a cubrir el paisaje y tal vez borre en este instante esa calle, unos árboles, gente que corre.
      Siento su ausencia. ¿Es que acaso él también siente la mía? Percibo el lamento suave de una sirena que nunca oí, muy lejos, anunciando neblina por donde queda el puerto.

5.4.08

Diatreton


Quién sabe dónde quedaron las fotos de la primera visita a Alemania, si es que todavía existen. Un compañero de curso me retrató en el museo Romano-Germánico de Colonia, junto a la cabeza de una estatua de Augusto a la que le falta el cuerpo, pero a la que cubre la punta de la toga. Está entre mis fotos preferidas, aun si ya no existe.

Allí ví ese día muchas cosas que me llamaron la atención. El museo alberga objetos arqueológicos de esa zona, desde las muestras más arcaicas de civilización hasta la temprana edad media.

Más aún que la belleza de Augusto me impresionó un vaso de vidrio de los últimos tiempos del imperio romano, justo antes de que lo borraran los hunos –digamos.

Es un "diatreton", un vaso de vidrio calado. No han sobrevivido muchos: unos cincuenta, la mayor parte sólo fragmentos. Tenían inscripciones en griego. Éste dice:


pie zesais kalos aei – bebé, para que vivás bien eternamente



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4.4.08

In memoriam


Aquí está, para los que se acuerdan de él. Me lo topé así ahora que llegué, en una esquina de la ventana de la cocina.


Como que Mamá no tiene pegalotodo.


3.4.08

Una foto que no va aquí

de la colección de nubes.

Benditas sean las ramas secas.


No me pasa

¿Se acuerdan de la fonda o posada de tiempos del camino real, más o menos a un kilómetro del Parque del Este, poquito después de la cruzada a Granadilla, con unas palmas reales en el lote?

También la botaron.


31.3.08

De hace unos años

Buscando otra cosa, me encontré este cuentito de hace unos años. Aquí se los dejo.


Bonn am Rhein

Ofelia pasó por el centro a la hora en que las floristas desechan lo que no quieren ofrecer al día siguiente. Pagó por un montón de tulipanes blancos, se alejó apretándolos contra el pecho. Había un mendigo tiritando de frío; le dio el abrigo sin reparar apenas en el gesto del viejo.

Caminó por la orilla del río, hasta donde hay unas gradas de piedra que entran al agua, y descendió por ellas.

Cuando no pudo sostenerlas más, las flores se esparcieron con la corriente.